Ella...No sé cuanto tiempo llevo aquí. No sé si es de día o de noche. No sé si es real o solamente es un sueño, una alucinación, o una imagen proyectada en mi mente. Sólo sé que tengo miedo y que quiero volver, quiero volver con mi familia y amigos. Y con él. Él es mi vida. Sin él no soy nada. Ahora, tan lejos de él, me siento perdida, sin fuerzas.
-Lo tienes que hacer por él-me dice aquella rara persona de túnica.
-¿Por quién?
-Por él. Por el que piensas cada dos segundos, y por el que entre esos dos segundos sufres.
-¿Cómo sabes en qué o en quién pienso?
-No puedo decir que lo sé todo, pero sí sé casi todo.
-¿Incluido lo que pienso?
-No. Se te nota.
-¿El qué? ¿Lo que pienso?
-Que estás enamorada.
-Yo...-sé que es cierto, sólo puedo asentir y suspirar profundamente, para que no se escape esa lágrima que tiene tanta ansia de salir
-Tienes que intentarlo si quieres volver a verlo.
-Estoy preparada.
Tengo miedo, pero tengo tantas ganas de volver...
Me explica que la mayoría de la gente que está aquí no puede volver porque no lo intenta. Estar en este lugar supone ir olvidando tu pasado, tu vida,por lo que cuando se dan cuenta que necesitan volver, es muy tarde, porque no saben a dónde deben volver.
-No sé cómo, ni por qué sucede así, pero las personas que lo intentaron así lo consiguieron. Utilizaron sus recuerdos para volver. Y volvieron.
No quiero olvidar a todos los que me quieren y a los que quiero.
-Recuerdo que de pequeña me caí de la bicicleta, y que mis padres corrieron porque no paraba de llorar. También recuerdo que tenía una tortuga y que se murió por falta de agua. No sabíamos cuidar tortugas.
-¿Y los recuerdos felices? Esos suelen ser los que más ayudan.
-¿Felices? Yo no...no tengo.
-Seguro que sí. ¡Intenta recordarlos todos!
Lo intento, pero ya empiezo a olvidar cosas. He olvidado el color de ojos de mi madre. De ella sólo recuerdo que estaba embarazada. De mi padre apenas recuerdo su nombre. No sé por qué los olvido...
Me siento sin fuerzas, y mi tristeza es tan grande que no puedo sostener más esa lágrima que al fin cae. Cae, y no puedo remediarlo.
-Tranquila. Puedes hacerlo. ¡Concéntrate! Hay veces que respirando fondo y relajándose se puede escuchar lo que están hablando en el mundo real.
-Y...¿Podría hacerlo?
-Inténtalo. Nada es imposible.
Empiezo a relajarme. Me siento en el suelo de aquel campo para conseguirlo más fácilmente. Cierro los ojos. Respiro profundo. Todo da vueltas. Noto cómo una brisa extraña sopla en mi cara. No es real. Lo sé. Una luz brilla a lo lejos. No la veo, tengo los ojos cerrados, pero sé que está ahí. Empiezo a escuchar una voz, una voz quebrada, aunque dulce. Es una voz que brota del interior del corazón de una persona que debe de estar en la habitación donde esté yo, seguramente del hospital. Es una voz de hombre, aunque todavía inmadura. Es él. Respiro fuertemente por el anhelo de su amor. Puedo olerle. Huele igual que siempre, a su espuma de afeitar. Me encanta su olor. También puedo sentir su mano agarrada a la mía. En la otra mano siento un objeto. No sé qué puede ser... Me gusta sentirle. Me encanta amarle. Y me encantan esas palabras de amor que me dedica, aunque crea que no puedo oírlas, porque es lo que el médico suele decir cuando alguien está en coma...Pero él habla. Sé que está llorando. ¡No llores amor mío! Tus palabras son mi salvación.
-Cariño, siento que mi corazón ahora mismo late por ti. Verte así me mata. Te prometo que encontraré al que te hizo esto. Te quiero, y no te dejaré ningún segundo sola. Me quedaré día y noche. Y cuando despiertes estaremos juntos. Para siempre. Y siempre te querré. Te amo. Eres lo mejor que me ha pasado nunca, así que ahora no me puedes dejar. Por favor, despierta. Vuelve a abrir esos ojos que llenan mi camino de luz. Vuelve a sonreír para que yo pueda sonreír. Mi peque...
Siento sus labios en los míos, siento su calor. Ojalá pudiera responderle y decirle que le amo con locura...
Él...
Me he levantado con dolor de cabeza, pero hoy nada impedirá que la vea. Estoy muy enamorado de mi novia. Es un amor un tanto prohibido, ella tiene dieciséis años, y yo cuatro años más. Aunque la familia está de acuerdo con nuestra relación. Saben que nos queremos. Le voy a dar una sorpresa e iré a la salida del colegio a verla. Estoy deseando de ver la cara que se le va a poner cuando me vea. Hoy es un día muy reluciente, no hay ni una sola nube en el cielo, aunque sea invierno.
Se me hace un poco tarde para ir a lavar el coche, así que cuando salga de trabajar lo llevaré. Estoy nervioso. Quiero verla. Es muy temprano, estará de camino al instituto... Siento algo extraño, el corazón se me ha acelerado de repente... Seguro que es por los nervios.
Menudo día de trabajo. ¡Cuánta gente ha venido hoy! Pero en cuanto pienso en ella, todos mis problemas desaparecen...
Ya me queda poco para terminar mi turno de mañana. Me voy a ir a cambiar de ropa y lavo el coche y así me da tiempo a aparcar y no tengo que llevar el coche hasta su colegio.
Ya estoy llegando, dejaré el coche en la cochera. Tengo tiempo de sobra hasta para comprarle un detalle, aunque a ella no le gustan los regalos. He visto un pequeño llavero de un corazón y pone dentro de él con letras azules 'TE QUIERO'. Es perfecto, seguro que le gusta.
Ya estoy en la puerta, pero no la veo. Paciencia, que ya saldrá. Me acerco un poco por si está entre la gente. Sigo sin verla. Se habrá quedado en clase. Le preguntaré a su mejor amiga.
-¡Hola! ¿Dónde está?
-¡Hola, Romeo! Ja, ja. Pues hoy no ha venido. Estará mala...
-¿Mala? No creo, vino al colegio cuando tuvo neumonía y ese día llovía. Tiene que estar muy mala para no venir.
Me voy cabizbajo hacia la cochera. ¿Qué le habrá pasado? Lo de faltar a clase no es normal en ella.
Me suena el movil...¡Es ella!
-¡Hola cariño! ¿Porqué no has ido hoy a colegio? He venido a verte, y te he comprado un regal...
-Perdone. Somos del hospital. Esta mañana la dueña de este teléfono ha tenido un accidente, un coche la ha atropellado mientras se dirigía hacia la escuela. Hemos mirado en la lista de las últimas llamadas y aparece su número el primero. ¿Es usted familiar?
No puedo responder, pero tengo que decir algo, tengo que preguntarle cómo está...No puede ser.De repente en mi día reluciente había aparecido una nube gris.
-No, soy su novio. ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Han detenido al conductor que la atropelló?- me dirijo de mientras hacia mi coche. Iré corriendo al hospital.
-Tranquilícese. Estamos haciendo todo lo que podemos. Ahora mismo está en quirofano.
No me puedo tranquilizar, y mucho menos si dicen que hacen todo lo que pueden. Antes de que muera alguien dicen siempre eso. ¡No! ¡Ni pensarlo! Ella no se va a morir. Se pondrá bien. Seguro...
-Voy para allá. Tengo que colgar.
-¿Podría usted llamar a alguien de su familia? Hemos buscado en su lista de contactos pero no aparece nigún número con el nombre de casa o que pueda ser de alguno de sus padres.
-Sí, yo llamaré.
Una lágrima cae por mi mejilla, jamás habia llorado anteriormente.
Ya he llegado al hospital, y también he llamado a su madre. Dice que ya viene...
Ya está aquí su madre. Tiene el rostro pálido. No para de llorar.
-¿Cómo está? ¿Dónde está? ¡Quiero verla!-le pregunta al médico.
-¡Tranquilícese, señora!
-Es mi hija, ¿cómo quiere que me tranquilice?
Es un duro trago para ella. Hace pocos meses a perdido a su bebé. Estaba embarazada y tuvo una mala caída...
-Su hija ahora está en observación. Dentro de poco la subirán a planta. No se preocupe.
Ha pasado ya un buen rato, son las seis de la tarde. Ya viene el médico para conducirnos a la habitación en la que está. Todavía no podemos entrar.
-Antes de entrar, tengo que informarles de su estado. Ha sufrido un fuerte golpe en la cabeza y ha perdido mucha sangre. Tiene contusiones por todo el tórax, por lo que puede que le cueste respirar por sí misma cuando...despierte.
-Pero por lo demás, ¿está bien?- su madre se impacienta cada vez más.
-Cuando llegó la ambulancia estaba medio inconsciente. Aquí llegó, desgraciadamente, en coma.
Todo lo que hay alrededor da vueltas, mi corazón se va a salir de mi pecho. Ella es muy joven. ¿Por qué le pasará esto? No podemos parar de llorar ni su madre ni yo.
Entramos en la habitación. No puedo ni mirar, tiene cables y tubos por todos lados. Así dormida parece que no sufre, pero seguro que lo está pasando muy mal. Su cara dulce, su pelo rizado...sigue estando igual que siempre. Pero hay algo que ha cambiado en ella.
Su madre no puede aguantar ver así, en este estado, a su hija.
-Si quiere me puedo quedar yo esta noche, mañana no tengo que trabajar. Usted descanse-apenas me salen las palabras, pero ella apenas puede mantenerse en pie.
Ella ya se va. Espero que se ponga bien, no puedo vivir sin ella...